Claves de la noticia:
- Mujeres mayas de Chumpón: Tras seis años de interrupciones por inundaciones y la pandemia, el colectivo “Pitahí” retoma la transformación de fruta local.
- Autogestión total: Las ocho integrantes operan sin subsidios gubernamentales, reinvirtiendo sus propias ganancias para mantener viva la producción.
- Diversificación de mercado: Además de la pitahaya, el grupo ahora procesa nopal, piña y papaya, logrando un punto de venta clave en la zona arqueológica de Muyil.
CHUMPÓN, QR.- En el corazón de la zona maya, donde la selva abraza los cultivos de cactáceas, el aroma a fruta dulce y leña vuelve a emanar de las cocinas del colectivo “Pitahí”.
Sin presupuestos oficiales, sin sellos de dependencias gubernamentales y armadas únicamente con su determinación, ocho mujeres mayas de Chumpón han logrado lo que parecía imposible: reactivar la producción artesanal de mermelada de pitahaya tras años de parálisis forzada.
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La historia de estas emprendedoras no es nueva, pero su renacimiento sí lo es. El proyecto, que en su época dorada lograba colocar frascos del llamado “oro rosa” en los desayunadores de los hoteles más exclusivos de la Riviera Maya, fue golpeado por una racha de infortunios que habrían doblegado a cualquiera.
Primero, la naturaleza: las inundaciones de 2018 devastaron los cultivos. Después, el mundo se detuvo: la pandemia de Covid-19 clausuró las fronteras turísticas y, con ello, sus contratos de venta.
El renacer de un sueño artesanal
“Se cerraron los hoteles y dejaron de comprar nuestros productos, y se tuvo que detener todo”, relata María Caamal Aban, presidenta del grupo, con la voz de quien ha visto sus campos secarse y sus ollas enfriarse, pero se niega a rendirse.
Hace apenas ocho meses, el silencio en el taller de producción terminó. Las integrantes de Pitahí decidieron que no esperarían más por promesas institucionales que no llegaban. Con ahorros familiares y un sistema de reinvención inmediata, las mujeres financiaron la compra de insumos y la reparación de equipos básicos para volver a encender los fogones.
Hoy, la operación es un modelo de economía circular y autogestión. De lo que venden, apartan una parte para la subsistencia familiar y el resto se inyecta directamente de vuelta al proyecto. No hay créditos bancarios ni apoyos de “fondos perdidos”; es la confianza comunitaria la que sostiene el engranaje.
Más que pitahaya: Diversificación y nuevos horizontes
Aunque la pitahaya es el emblema de Chumpón y la base de su identidad productiva, las mujeres de Pitahí han aprendido que la resiliencia requiere variedad. Para no depender de una sola cosecha estacional, han expandido su catálogo. Actualmente, transforman con la misma maestría la papaya, la piña y, sorprendentemente, el nopal, creando mermeladas que conservan el sabor auténtico de la región sin conservadores artificiales.
Este esfuerzo no busca solo el lucro, sino la preservación de una cultura productiva que se niega a ser desplazada por la industrialización. Al procesar la fruta en su propia comunidad, evitan que los intermediarios malbaraten el esfuerzo de los productores locales, asegurando que el valor agregado se quede en manos de quienes trabajan la tierra.

El reto de la comercialización: Tocando puertas
El mayor obstáculo actual no es la producción, sino el acceso a mercados formales que suelen ser herméticos para los pequeños productores independientes. “Estamos tocando puertas para que nos compren nuestras mermeladas. No tenemos apoyo gubernamental; de lo que vendemos, reinvertimos”, enfatiza Caamal Aban.
A pesar de la falta de una plataforma de distribución masiva, el colectivo ha logrado un avance estratégico: un espacio de venta en la zona arqueológica de Muyil. Allí, entre vestigios prehispánicos y el flujo de turistas que buscan experiencias auténticas, los frascos de Pitahí comparten estante con bordados, miel melipona y artesanías de fibra vegetal. Es una trinchera de resistencia cultural donde el visitante no solo compra un dulce, sino que financia la autonomía de ocho familias mayas.
El camino por delante sigue siendo cuesta arriba, pero para las mujeres de Chumpón, el fuego ya está encendido y, esta vez, no tienen intención de dejar que se apague.

