Claves de la noticia:
- Kantunilkín: Una pesada rama seca de un árbol “Lluvia de Oro” está a punto de colapsar en una zona de alto flujo peatonal.
- Inacción oficial: El Ayuntamiento ha ignorado múltiples reportes ciudadanos bajo la premisa de no tener recursos básicos.
- Vulnerabilidad infantil: El riesgo se intensifica por la cercanía con el “Parque de las Ballenas”, donde conviven decenas de menores diariamente.
KANTUNILKÍN, QR.- Lo que debería ser un espacio de esparcimiento y seguridad para las familias de la cabecera municipal de Lázaro Cárdenas, se ha convertido en una “trampa mortal” suspendida en el aire. Ciudadanos y trabajadores locales han alzado la voz ante el inminente peligro que representa una enorme rama seca de un árbol de “Lluvia de Oro”, ubicada en pleno Parque Principal, la cual amenaza con desprenderse y provocar una tragedia de consecuencias impredecibles.
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La denuncia, encabezada por el señor César Escamilla Gijón, conocido boleador de calzado que labora diariamente en la zona, pone en evidencia no solo el deterioro del arbolado público, sino también la parálisis operativa que enfrentan las dependencias municipales encargadas del mantenimiento urbano.
Un peligro que pende de un hilo
Según el testimonio de Escamilla Gijón, el gajo en cuestión se encuentra completamente seco y muestra signos evidentes de desprendimiento inminente. El árbol, una especie emblemática de la región conocida por su floración amarilla, hoy luce una extremidad grisácea y quebradiza que se cierne sobre uno de los pasillos más transitados de la plaza.
“Es un riesgo latente. Todos los días vemos pasar a familias, ancianos y trabajadores por debajo de esa rama. Si llega a caer un viento fuerte o simplemente por el peso del tiempo se desprende, estaríamos hablando de un accidente lamentable”, advirtió el denunciante.
El punto crítico de esta situación es la ubicación geográfica del riesgo. El árbol se encuentra a escasos metros del popular “Parque de las Ballenas”, un sitio que, al caer la tarde, se convierte en el epicentro de reunión para decenas de niños y niñas que acuden a jugar acompañados de sus padres. La trayectoria de una posible caída interceptaría directamente el paso obligatorio de quienes transitan entre ambas áreas recreativas.
La respuesta oficial: “No hay gasolina”
Lo que más indignación ha causado entre los habitantes de Kantunilkín es la respuesta —o falta de ella— por parte de las autoridades municipales. Escamilla Gijón aseguró que la situación ha sido reportada formalmente y de manera verbal a los trabajadores del Ayuntamiento en repetidas ocasiones, pero la solución sigue sin llegar.
La justificación recibida por parte del personal de servicios públicos ha rayado en lo inverosímil para los ciudadanos: la falta de insumos básicos. Según los reportes, los trabajadores han manifestado que, aunque tienen la voluntad de retirar la rama, no cuentan con carburantes (gasolina y aceite) para poner en funcionamiento las motosierras.
Esta carencia de materiales elementales ha dejado a la población en un estado de vulnerabilidad, cuestionando el manejo de los recursos destinados a la protección civil y el mantenimiento de la imagen urbana en la cabecera municipal.

Un llamado urgente a la intervención
La comunidad de Kantunilkín no está dispuesta a esperar a que ocurra un accidente para que las autoridades reaccionen. El flujo peatonal en el Parque Principal es constante desde las primeras horas de la mañana hasta altas horas de la noche, lo que convierte cada minuto de inacción en una apuesta peligrosa contra el azar.
César Escamilla hizo un llamado enérgico al Presidente Municipal y a los directores de Servicios Públicos y Protección Civil para que prioricen la seguridad de los ciudadanos por encima de las carencias administrativas.
“No podemos permitir que la burocracia o la falta de un par de litros de gasolina pongan en riesgo la vida de un niño. Es necesario que intervengan de inmediato, que traigan la herramienta y retiren ese gajo antes de que estemos lamentando una desgracia que se pudo prevenir con una simple poda”, sentenció.
Mientras tanto, los transeúntes caminan con la mirada puesta en el cielo, sorteando el área del árbol “Lluvia de Oro” y esperando que la rama resista un día más, antes de que el peso del olvido institucional la haga caer.

