Claves de la noticia:
- Inseguridad en Kantunilkín En la colonia Terencio Tah Quetzal permanece cerrada las 24 horas, dejando a los vecinos sin protección inmediata.
- Respuesta tardía: Ciudadanos reportan que el número de emergencias 911 es ineficiente, pues las patrullas llegan cuando los incidentes o riñas ya han finalizado.
- Déficit de fuerza: Autoridades municipales justifican la falta de presencia policial argumentando un déficit de elementos para cubrir la demanda de la cabecera y comunidades aledañas.
KANTUNILKÍN, QR.- Las familias de la periferia de Kantunilkín se encuentran en un estado de vulnerabilidad alarmante.
Andrés Quetzal Pech, residente de la colonia Terencio Tah Quetzal, alzó la voz en representación de sus vecinos para denunciar el clima de inseguridad que impera en la zona, derivado directamente de la nula presencia de elementos de Seguridad Pública en la infraestructura de vigilancia local.
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Según el testimonio del denunciante, la caseta de policía instalada en este sector, que debería funcionar como un escudo preventivo y un punto de auxilio ciudadano, se ha convertido en un inmueble “fantasma”. Tanto durante el día como en las horas críticas de la noche, el espacio permanece cerrado y sin personal asignado, lo que imposibilita a los habitantes realizar reportes presenciales ante emergencias.
Un sistema de emergencias que llega tarde
La problemática se agudiza durante los fines de semana, cuando los índices de consumo de alcohol y posibles altercados suelen incrementarse. Quetzal Pech explicó que, ante la ausencia de oficiales en la caseta, la única alternativa es recurrir a la línea nacional de emergencias, aunque los resultados suelen ser frustrantes.
“Nos dicen que llamemos al 911, pero muchas veces los policías llegan cuando ya terminó alguna riña entre personas que están bajo los influjos del alcohol”, señaló el vecino con indignación.
Esta falta de reacción inmediata genera una profunda incertidumbre entre las familias, quienes sienten que el tiempo de respuesta de las unidades motorizadas es insuficiente para prevenir agresiones o robos en proceso. La percepción de los colonos es clara: la seguridad pública en Kantunilkín está rebasada o, en el peor de los casos, desatendida.
San Pedro: Una comunidad bajo la misma sombra
El reclamo de la colonia Terencio Tah Quetzal no es un caso aislado. La situación parece ser un patrón sistemático en el municipio. Andrés Quetzal indicó que este abandono también se vive intensamente en la comunidad de San Pedro, donde las familias enfrentan condiciones de desprotección idénticas.
En dicha localidad, el subdelegado David Cupul Puc ha sido una de las voces más activas en la gestión de recursos de seguridad. Se ha reportado que Cupul Puc ha solicitado formalmente y en reiteradas ocasiones el reforzamiento de la vigilancia para su gente. No obstante, la respuesta de las autoridades municipales ha sido siempre la misma: no cuentan con suficientes elementos policiacos para cubrir todos los puntos críticos del municipio.
Este déficit de personal se ha convertido en la justificación permanente del Ayuntamiento para explicar por qué las casetas, que fueron construidas con recursos públicos, permanecen hoy como elefantes blancos.

Punto estratégico, vigilancia nula
Lo más preocupante para la población es la ubicación de la caseta en la colonia Terencio Tah Quetzal. El inmueble se encuentra en un punto geográfico estratégico, ya que es paso obligado para el constante flujo de automovilistas y transportistas que transitan hacia la ciudad de Cancún.
Al ser una vía de alta movilidad, los vecinos consideran que la presencia policial debería ser obligatoria, no solo para atender riñas locales, sino para prevenir delitos de mayor impacto que suelen ocurrir en los tramos carreteros. El hecho de que la caseta permanezca bajo llave incrementa la sensación de “zona libre” para la delincuencia, lo que mantiene en vilo a los comerciantes y jefes de familia de la zona.
El llamado a la autoridad
Ante este escenario, la ciudadanía de Kantunilkín exige una reestructuración inmediata de los planes de vigilancia. No basta con la construcción de infraestructura si esta no cuenta con el capital humano necesario para operar. Los afectados solicitan que, de manera urgente, se asigne al menos una pareja de oficiales por turno en las casetas periféricas para disuadir actos delictivos y garantizar que el orden público regrese a las calles.
Mientras tanto, la desconfianza en las instituciones de seguridad crece, y los habitantes temen que, de no atenderse este vacío de autoridad, la violencia y la inseguridad escalen a niveles que después sean imposibles de controlar.

