Claves de la noticia:
- Crisis pesquera y abandono: De 300 socios en cooperativas de Holbox y Chiquilá, la mayoría ha migrado a otras actividades económicas ante la falta de rentabilidad.
- Desabasto crítico: Durante la pasada Cuaresma, las pescaderías de Kantunilkín operaron sin suficiente producto para la demanda local.
- Causas multifactoriales: El cambio climático, el irrespeto histórico a las vedas y la falta de vigilancia oficial han desplomado la producción.
KANTUNILKÍN, QR.– La emblemática actividad pesquera que durante décadas sostuvo la economía de la zona norte del estado atraviesa uno de sus momentos más críticos. Alberto Villatoro Pérez, excoordinador de pesca, reveló que la captura de especies de escama ha dejado de ser un sustento seguro para los habitantes de la región debido a la crisis pesquera, convirtiéndose en una actividad de alto riesgo económico.
De acuerdo con el exfuncionario, la combinación de cambios climáticos bruscos y una notable escasez de producto ha provocado que la pesca ya no sea redituable. Esta problemática quedó al descubierto durante la reciente temporada de Cuaresma, cuando incluso en las colonias populares de Kantunilkín el desabasto fue evidente, afectando tanto la economía de los comerciantes como las tradiciones culinarias de las familias locales.
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Un padrón mermado por la crisis pesquera
Villatoro Pérez precisó que, aunque existe un registro de aproximadamente 300 socios integrados en cooperativas pesqueras entre la isla de Holbox y el puerto de Chiquilá, la realidad en el muelle es muy distinta. La gran mayoría de estos pescadores ha optado por buscar alternativas laborales, pues salir a la mar hoy en día representa una inversión con pocas garantías de retorno.
“La pesca se ha convertido en un albur, muy distinto a lo que ocurría hace varios años, cuando el producto abundaba en la región”, sentenció Villatoro.

Herencia de la pesca ilegal y falta de vigilancia
El panorama actual no es casualidad. Villatoro explicó que la situación es, en gran medida, consecuencia de prácticas negligentes del pasado. El irrespeto sistemático a las temporadas de veda y la omisión de las autoridades para frenar la pesca furtiva han pasado factura a los ecosistemas marinos.
“Era un secreto a voces que existía la pesca ilegal, pero en muchas ocasiones nadie se atrevía a denunciar”, admitió, señalando directamente a la falta de vigilancia como un factor determinante en la degradación de la actividad.
Precios altos, redes vacías
A pesar de que el precio del pescado en el mercado se mantiene en niveles competitivos, esto no compensa el bajo volumen de captura. Los pescadores se enfrentan a una paradoja: el producto se paga bien, pero no hay qué pescar. Esta situación ha forzado una transición económica en la zona, donde el “hombre del mar” se ve obligado a colgar las redes para garantizar el sustento diario de su familia en tierra firme.

