Una simple botella de agua a $250 pesos. Ese fue el detalle del menú oficial del festival Zamna en Tulum, Quintana Roo, que desató una nueva polémica en redes sociales sobre los altos costos del turismo de lujo en el destino. El evento, que atrae a miles de asistentes, puso en evidencia la disparidad de precios en un sector turístico constantemente cuestionado.
También te puede interesar: Alta afluencia en playas de Cancún durante temporada Guadalupe-Reyes
El contexto viral: agua y refrescos al precio de un cóctel
La polémica surgió a raíz de la difusión de una fotografía del menú oficial del festival Zamna, reconocido por atraer a asistentes nacionales y extranjeros, principalmente del sector de música electrónica. En la imagen, que rápidamente circuló en redes sociales, los usuarios expresaron su indignación ante lo que consideran un abuso contra los asistentes.
Los costos reportados en el menú, según lo difundido por los internautas y los medios, incluyeron:
- Agua natural y bebida energética (Monster): $250 pesos cada una.
- Cerveza (Chela): $300 pesos.
- Cócteles “Monster Cocktails”: $450 pesos.
- Bebidas destiladas (shot): Un shot de tequila, whisky, ron, gin, vodka o mezcal cuesta $350 pesos.
Lo que generó mayor escándalo fue la equiparación de precios, pues una botella de agua natural cuesta lo mismo que una bebida energética y solo $100 pesos menos que un cóctel con alcohol, o el mismo precio de una bebida destilada.
El patrón del “turismo de alto poder adquisitivo”
El festival Zamna Tulum ha contado con la presencia de DJ conocidos, como David Guetta, lo que refuerza su posición como un evento de clase mundial. De hecho, el festival es promovido incluso por el presidente Diego Castañón Trejo.
Sin embargo, detrás del brillo de las fiestas electrónicas (también conocidas como raves) y la presencia de talentos globales, se esconde la lógica de un modelo de negocio enfocado en la élite.
Durante la temporada alta y la celebración de estos eventos, los precios se disparan, ya que vienen miles de asistentes provenientes de varias partes del mundo. Muchos de ellos son turistas de alto poder adquisitivo, como le gustan a los turisteros. Estos visitantes no escatiman en gastos con tal de divertirse en este espectacular y algo elitista destino turístico.
El marco legal y la comparación con otros eventos
A pesar de las quejas y el cuestionamiento ciudadano, la Ley Federal de Protección al Consumidor en México no establece un límite de precio por producto en eventos privados. La ley sí exige, sin embargo, que el cobro se informe de forma clara y visible, una condición que se cumplió en este caso.
No obstante, ciudadanos, principalmente mexicanos, cuestionan que Tulum nuevamente esté manejando altos costos fuera del alcance de muchos.
La crítica ha llegado al punto de señalar la diferencia con otros grandes eventos nacionales:
> “Ni siquiera en otros festivales tipo Corona Capital o Vive Latino un refresco, un agua o una cerveza cuestan tanto.”
¿Tulum repite la crisis?
La polémica por los precios del festival Zamna ha revivido la advertencia de que la gente dejaría de acudir al destino debido a los costos elevados. Algunos críticos consideran que el destino de Tulum y los prestadores de servicios no aprendieron nada de su última crisis.
Esta no es la primera vez que el costo de vida y servicios en la región es objeto de escrutinio. Anteriormente, se reportaron críticas a los precios de la taquería de Roberto Palazuelos en Tulum, donde una orden superaba los $200 pesos.
Por lo pronto, y pese a las quejas de decenas de personas, el festival Zamna Tulum sigue con eventos diarios a los que asisten miles de personas. Ahora, queda por ver qué pasará con Tulum una vez que se acaben los raves con DJs de clase mundial y la temporada alta. Si la gente seguirá llegando al destino o si una vez más los prestadores de servicios se quejarán porque nadie llega a visitarlos.
La nueva polémica del festival Zamna expone una vez más la dicotomía de Tulum: un destino que aspira al turismo de lujo mundial, pero a costa de la accesibilidad para el ciudadano promedio. ¿Está este modelo elitista condenando al destino a crisis recurrentes una vez que las luces de los DJs se apaguen y los turistas de alto poder adquisitivo regresen a casa?

